
Hay publicaciones y blogs, como la de un servidor o
la de Guti, que intentan -intentamos- concienciar y difundir un tipo de compras y consumismo más responsable, más honesto, más equilibrado y ético. Sin embargo, todo a nuestros alrededor, los grandes fabricantes, las grandes marcas, los grandes medios de comunicación y compañías de marketing, intentan que sus ventas se hagan mediante caras famosas, personajes que importa poco que sientan la marca, o que el producto sea medianamente bueno y duradero, o eficiente y útil. Por eso a veces considero -sin decir con esto que sea mejor tirar la toalla, claro- que nuestra guerra es en parte una guerra perdida. Y me explico.
Todo ese dinero e inversión en marketing tiene como objetivo, principalmente, el público joven. A lo sumo, un cliente que no supere en mucho los treinta años, y que como límite ronde los cuarenta. Ya cuando estudiaba nos decían que el público joven era el más interesante para las marcas de todo tipo (pero, principalmente, de productos de consumo habitual), porque eran los mayores consumidores, aunque no tuvieran el mayor poder adquisitivo. O dicho de otra forma: un joven cambia mucho más a menudo de ropa, de móvil, de reloj, de coche... Mientras que una persona mayor intenta buscar otras cosas, como la durabilidad, la "reparabilidad", la credibilidad de su marca fabricante.