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7 mar 2019

La saga de "El Imperio": las mujeres al poder


Lejos de los estereotipos de hombres de fortuna y con poder que se mueven en la acción y el prestigio social, altos ejecutivos y estrellas policíacas y famosos, "El Imperio" nos presenta unas protagonistas totalmente diferentes. Ellas no son las que corren a los brazos de "su hombre" para que las salve, o las que aparecen en el último fotograma (o en la última página de una novela) besando al protagonista masculino como "premio" por su heroica acción. Ni mucho menos. Son, más bien, ellos, los hombres, los que corren a sus brazos, y son ellas, las mujeres, quienes toman las decisiones, "parten el bacalao" y, en definitiva, tienen el poder y la resolución. En la mayoría de las ocasiones, son ellas quienes también tienen el control de la situación, y quienes deciden cómo actuar. Son, en suma, mujeres de su tiempo, mujeres que no aspiran a los altos escalafones de las grandes firmas multinacionales, para ocupar un sitio en sus consejos de administración como si ahí se acabasen sus aspiraciones y no pudieran llegar a más. Ni mucho menos: ellas son las que deciden, administran y otorgan esos puestos. Ellas presiden y dirigen, y no solamente participan de las decisiones estratégicas en las más importantes compañías del planeta, sino que ellas son las que tienen, además, la última palabra. Eso es algo que es muy necesario en el mundo de las finanzas, y que también lo era -y lo sigue siendo- en el mundo de la ficción, para darles a las mujeres el importante papel que se merecen y que, por desgracia, pocas veces es reconocido.

Desde que viera la luz "El Imperio I", la saga no ha parado de crecer. Sus escenarios, variedad de posibilidades y de elementos que forman estas novelas es tal, que da pie a que con ellas puedas jugar de todas las formas posibles. Con la última, "Jerhoj", resultaba demasiado atrayente la idea de llevar el mundo de la radio a la literatura, conformando una novela corta que incluyera esos ingredientes en un formato radiofónico, que el lector pudiera leer y seguir como una relato, pero a la vez pudiera disfrutar de la ambientación (y la nostálgica atmósfera, e intimista) de la radio.

La ciudad desde un parque


A las diez van las señoras a hacer la compra.

A mediodía los ancianos pasean y discuten los temas de actualidad.

Sobre la una, los obreros se acercan a los bares y restaurantes a almorzar, mientras los cafés bullen con las conversaciones de la sobremesa.

Jóvenes sacan sus perros a pasear durante la tarde, mientras algunas madres o abuelas llevan niños a la zona de juegos del parque.

Plagios de libros que se publican


Hay veces en las cuales los autores nos esforzamos por crear contenido original, viajando, estudiando, buscando información y un sin fin de trabajo que en muchas ocasiones no solo es molesto y tedioso, sino que lleva mucho tiempo. Luego, por desgracia, a veces ese contenido original por el que hemos pasado muchas horas en vela acaba en sitios que lo tergiversan, modifican o piratean sin piedad. Blas Ruiz Grau lo vivió en carne propia y acabó regalando algunos de sus libros, desesperado.

Pero si ese caso es sangrante, peor es aún cuando alguien va más allá todavía: no solo se esfuerza en realizar un trabajo original, sino que además, luego, lo ofrece gratuitamente o a un precio casi, casi, testimonial. Y luego va alguien, coge ese trabajo, lo modifica (o apenas lo retoca) y aprovechándose del esfuerzo de otros lo pone a la venta a un precio exagerado.

Cantidad o calidad de los textos


Solía hacerme bastante gracia cuando alguna agencia de publicidad contrataba para nuestros medios online posts o reportajes patrocinados y mi jefe, cuando no podía "encasquetárselo" a nadie más -sabía muy bien que yo odiaba hacerlo- me lo encargaba a mí. Se volvió algo tan vital que hasta llegué a ponerle una opción a mi editor de posts con la cual puedes saber la cantidad de palabras escritas. En algunos CMS ("gestores de contenidos", por fortuna en Blogger aún no) como Wordpress, te dicen nativamente, en su propio editor, las palabras que llevas escritas, lo que demuestra la gran importancia que aún hoy tiene.

Lo que yo solía hacer era redactar el artículo o reportaje de la forma "habitual", formando un esqueleto con lo principal y más básico o importante, y luego ir "rellenando" párrafos (o entrepárrafos) con "texto suelto", lo que todos conocemos coloquialmente como "meter paja".