Mostrando entradas con la etiqueta mecanica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mecanica. Mostrar todas las entradas

7 mar 2019

Lo mecánico frente a lo eléctrico


El auge de los automóviles híbridos, eléctricos y con combustibles alternativos a vuelto a traer a la actualidad el recuerdo de la confrontación y rivalidad existente a principios del siglo pasado, en donde tres tecnologías (la eléctrica, la de vapor y la de combustión interna, con la gasolina principalmente) pugnaban por el privilegio de imponerse y ser la fuerza motriz que moviera el mundo.

La energía a vapor tenía bastantes ventajas: cualquier cosa se podía quemar en su caldera (obviamente, mejor elementos con un alto poder calorifico), su enorme par motor hacía innecesario el uso de marchas y, tras adquirir la presión debida en la caldera, el único elemento a desechar era el vapor de agua.

¿Son los relojes mecánicos más duraderos que los de cuarzo?


Leyendo un reportaje de relojería, en donde se entrevistaba a un periodista del ramo, a éste le hacían la "original pregunta" de qué tienen de ventaja los relojes mecánicos respecto a los de cuarzo, por qué la gente los sigue utilizando. El periodista (que también es escritor de libros de relojería) contestó que un reloj mecánico puede no ser tan preciso, puede necesitar un mantenimiento cada cinco años, pero mientras uno de cuarzo cuando se le acaba la pila (o atrasa, o adelanta...; ¿quién le hace mantenimiento a uno de cuarzo? ¡Nadie!), se tira al vertedero, uno mecánico puede seguir funcionando cien, doscientos años...

Es cierto, hay relojes mecánicos muy antiguos que siguen funcionando, incluso se pueden restaurar. Recordemos el caso de Vostok, o los indios de HMT, cómo, cuando sus fábricas comenzaron a cerrar y empezaron a ser buscados y apreciados (y a escasear en el mercado), hubo -y aún hay- gente que los restaura, o los "adecenta" ("refurbished"), y los vuelven a vender.

Tecnología mecánica en relojería


Una tarde uno de mis amigos, ex-compañero de trabajo, me llamó para que bajase a la calle. Cuando salí del portal le vi al lado de la acera, junto a una destartalada y antigua furgoneta de Renault. La furgoneta en algún momento de su vida había sido amarilla, sin embargo ahora su color, desgastado por las inclemencias del tiempo y el uso, era más bien cremoso. Dimos una vuelta, para acabar comprobando que realmente era un vehículo que no había tenido precisamente una buena vida -una furgoneta es un vehículo de trabajo, así que imaginaros...-, pero aún así su motor Cleon (así llamado popularmente, debido a la factoría francesa de la que procedían) seguía tirando de ella tan alegremente.

Era una furgoneta que, como suele ocurrir con los vehículos viejos, tenía su "temperamento". En los días lluviosos y fríos le costaba bastante arrancar, aunque el motivo era que a su viejo distribuidor mecánico le entraba humedad y hacía mal contacto. Pero tarde o temprano, o incluso abriéndole el Delco y dándole un poco de calor, mi amigo lograba que echase a andar.

4 mar 2019

El tic-tac de un reloj


Por las mañanas cuando voy a la Iglesia se suele sentar delante de mí un anciano, de pelo cano y que sigue la Santa Misa en silencio. Al principio notaba que, cuando él se arrodillaba al llegar, emergía un sonido muy característico e inconfundible, proveniente de su muñeca: el tic-tac de un reloj de cuerda. Debe ser por nuestra posición, que dirige el sonido directamente a mis oídos, porque cuando se sienta el anciano ya no se escucha. Nunca solía agradarme el sonido de la maquinaria de esos relojes, pero admito que en esos momentos me resulta sumamente agradable, como si escucharas una voz familiar. Aún así, prefiero ese constante "tic-tac" que el "tuk...., tuk...," anodino e imprevisible de las agujas de los analógicos de cuarzo. Al ser casi constante, el tic-tac es más "digerible".

Ya apenas se escucha hoy ese mecánico sonido, es uno más de los que están desapareciendo, y ha sido sustituido por el estridente y soporífero sonido de las tonos de llamadas de los smartphones que nos sobresaltan por todas partes.